“Aún estoy aquí”: Ellos también siguen aquí
“Aún estoy aquí”, de Walter Salles, es una de las películas que tiene el mérito de graficar muy bien cómo funcionaron los regímenes militares totalitarios, típicos del Plan Cóndor, cuando se trataba de perseguir a militantes opositores que renunciaron a la confrontación directa y optaron por llevar una vida tranquila y pequeñoburguesa.
Por Diego Díaz
Además de eso, la película rinde un tributo al estilo de vida de una familia de izquierda. Rubens Paiva y Eunice Facciolla eran miembros del Partido Trabalhista Brasileño y educaron a sus hijos con ideales de libertad, desarrollo cultural y conciencia de la realidad. En ese ambiente no faltaban los encuentros con amigos, y en “Aún estoy aquí” se incluyen distintas referencias a Erasmo Carlos, Caetano Veloso, Gilberto Gil, King Crimson, The Beatles, T. Rex, Jean-Luc Godard y otros.
Salles deja en claro que la riqueza cultural de la familia Paiva respondía a sus inclinaciones políticas, algo que en aquella época de los setenta era más evidente debido a la asociación directa que el militarismo hacía entre el comunismo y el rock and roll. La belleza de la vida de una familia de izquierdas en dictadura fue una de las expresiones que más me incomodó de la película, porque Salles deja en claro que, tras esa aparente perfección, vendría toda la oscuridad del militarismo.
El nudo de la película se encuentra en la detención de Rubens, que se venía anticipando gradualmente. Al inicio de la película, la detención de Vera y sus amigos ya genera una atmósfera de hostilidad que condiciona al espectador, sensación que se refuerza cuando la familia mira las noticias y los embajadores de diferentes países comienzan a ser detenidos.
La llegada de los militares vestidos de civil a la casa de los Paiva rememora, tal vez, las miles de intervenciones que habrán realizado durante la dictadura brasileña en búsqueda de “terroristas”. En ese momento, ponerse en la piel de Eunice, interpretada por la genial Fernanda Torres, resulta fácil, y los pensamientos más terroríficos comienzan a gestarse en la mente del espectador.
La película no tiene escenas explícitas de violencia física; el director no optó por la crudeza como herramienta para concienciar sobre lo horrible que fue vivir en la dictadura. Salles decidió mostrar que la incertidumbre puede llegar a ser más desgarradora que la violencia misma.
La actuación de Torres, desde su detención hasta el momento en el que explota y finalmente pierde el control —cuando matan al perrito Pimpão—, es impecable. Una Eunice majestuosa acompaña todo el tiempo a los espectadores, y es probable que, al ver la película, uno se quede pensando en que en las dictaduras siempre hay mártires, pero también hay personas que aparentan ser ángeles y que, de alguna forma, consiguieron escapar, mientras protegían a sus hijos, luchaban por sus familiares y hoy pueden seguir contando la historia.
En la entrevista que da Eunice, la protagonista dice que lo peor del régimen militar es la desaparición, por el golpe psicológico que inflige al resto de la familia. Es claro que hay varias películas similares a “Aún estoy aquí”, pero no sé si todas están tan bien actuadas y hayan apostado por hacer un contraste entre dos formas de vivir para una misma familia bajo un mismo régimen totalitario.
Este filme muestra el verdadero sentimiento libertario de aquella época. Personas que disfrutaban del arte, de la música, de la literatura. Gente de clase media que siguió colaborando con la resistencia de los exiliados, intentando denunciar las injusticias en los medios extranjeros, mientras vivían con el temor de que todo se viniera abajo. "Nosotros no podíamos dejar de hacer algo, somos los que tenemos los medios y hacemos lo que podemos desde nuestro lugar", menciona uno de los amigos de los Paiva a Eunice cuando ella pregunta por qué los militares se llevaron a Rubens.
En este contexto regional, en el que los Milei, los Trump y los Bolsonaro hablan de dar una batalla cultural contra el progresismo, una película del estilo de Salles nos sirve a los que estamos del otro lado de la mecha para reafirmar que no debemos tolerar el terror, que debemos estar orgullosos de ser como somos, sin importar que nos cueste perder espacios. Ganaremos otros, pero no debemos olvidar que los que estuvieron durante las dictaduras militares hoy cuentan con sus herederos. Ellos también siguen aquí.