Mirar la dona y no el hoyo: conmemorando a David Lynch

Existen artistas que al fallecer te hacen sentir como que perdiste a un amigo cercano. Cada persona, si tiene la suerte, es interpelada alguna vez o se conmueve cuando una obra le llega al corazón y le toca una fibra sensible. David Lynch representa eso para muchas personas, sea por su visión cinematográfica, musical o como pintor. Lo onírico, erótico, reprimido y oculto se funden en el “universo lyncheano”. Donde lo freak es embellecido y la cotidianeidad horrorizada, siempre habrá alguien que lo aprecie.

Por Félix Amadeo

Hay personas que, cuando pasan a otro plano, el impacto del legado que dejan en la tierra los transforma en seres mitológicos, indescifrables, inclasificables e inabarcables. Pienso en lo grandioso de su mirada única al mundo, inmortalizada y explicada desde el apellido. Sabemos que una canción tiene un vuelo de lírica dulce y texturas jazzeras e inmediatamente es “Spinetteana”. Si algo que vemos está cargado de violencia absurda, es “Tarantinesco”. Una jugada de fútbol tan grandiosa como irrepetible es “Maradoniana”.

Lo “lyncheano”, en definición de la escritora argentina Mariana Enriquez, “es sentir que uno está dentro de una pesadilla o que la realidad no tiene ningún tipo de lógica”. Es curioso y acertado lo de sentirse dentro de una pesadilla, porque está en la génesis de David Lynch como director. Su primer cortometraje, "Six Men Getting Sick" (1966), fue creado como parte de un proyecto para una clase de pintura. La pieza de animación experimental, que mostraba seis hombres vomitando, fue tan bien recibida que decidió explorar más el cine.

David compartió un recuerdo de su infancia que marcó su percepción del arte y la creatividad. Su madre, consciente del desarrollo sensorial del niño, no le permitía tener lápices de colores mientras que a sus hermanos sí; a él solo le daba papel y un lápiz porque garabateaba la casa. En una entrevista, Lynch recordó: "Mi madre nunca me compraba libros para colorear. Ella me daba una hoja de papel en blanco y un lápiz. Creo que eso fue algo muy importante, porque te da el primer impulso de crear tus propias cosas." Donde cualquiera hubiera visto una limitación, le dio rienda suelta a la creatividad.

Eraserhead, la ópera prima de David Lynch, es una experiencia surrealista que llevó casi cinco años para completarse, arrancando en 1971 y estrenándose en 1977. Durante ese tiempo, Lynch vivía en condiciones precarias en un cuarto en Los Ángeles, mientras daba los primeros pasos en su vida familiar con su esposa e hija Jennifer. El personaje de Henry Spencer lidiando con un bebé deforme refleja mucho del miedo y la ansiedad que Lynch sentía al convertirse en padre joven. Logrando una atmósfera opresiva, reflejó la incertidumbre de la adultez. El conflicto de estar en la lona y la llegada de una nueva vida se mezclaron en esta obra única, que es tanto una pesadilla visual como una catarsis personal.

El rol de Mel Brooks fue clave para catapultar a David al reconocimiento masivo, al elegirlo para dirigir The Elephant Man (1980). Después de ver Eraserhead, Brooks quedó fascinado por la visión única de Lynch y supo de inmediato que quería apadrinarlo. En una entrevista con The Guardian, Brooks recordó cómo conoció a Lynch en un restaurante Bob's Big Boy. Después de una breve charla, quedó tan impresionado que decidió contratarlo en ese mismo instante. Este respaldo no solo permitió a Lynch demostrar su talento en un proyecto más amplio, también cimentó su reputación como un director innovador y visionario, llevando a The Elephant Man a recibir múltiples nominaciones al Oscar.

Habiendo cosechado la aclamación de sus pares con sus dos primeros filmes, el primer fracaso comercial del director llegó en su tercera película: la ambiciosa adaptación de la novela de ciencia ficción Dune (1984). Esta sería la primera y última vez que Lynch trabajaría en un proyecto de alto presupuesto, cargando la adaptación a la novela de ciencia ficción su marcado lenguaje onírico y simbólico. Aún así, fue para este film que distinguió al joven actor Kyle MacLachlan para el rol protagónico. Esta decisión forjó una amistad y una dupla icónica para los subsiguientes trabajos audiovisuales del director, considerados de los mejores.

La amistad entre David Lynch y Kyle MacLachlan se forjó durante la filmación de Blue Velvet (1986) y se consolidó en Twin Peaks (1990). La primera es considerada la mejor película del director, mientras que Twin Peaks fue una viga fundacional en la realización de series televisivas como las conocemos hoy. La dupla se reunió para la película spin-off Fire Walk With Me (1992) y para The Return (2017), temporada final de Twin Peaks realizada 25 años después de la cancelación de la serie. MacLachlan expresó en varias ocasiones su profunda gratitud hacia Lynch, afirmando: "Le debo mi carrera y mi vida".

Mulholland Drive (2001) es una pieza clave del cine neo-noir y psicológico, que redefine los límites de la narrativa convencional. David Lynch crea un laberinto onírico donde la tragedia romántica se presenta a la inversa, explorando el descenso de una fantasía idílica a una realidad oscura y dolorosa. El filme arranca con el enamoramiento y el sueño de éxito en Hollywood, pero a medida que avanza, desentraña el colapso emocional de sus personajes, revelando un trasfondo de obsesión, fracaso y desamor. La estructura no lineal y los escenarios cargados de simbología la convierten en un estudio profundo sobre la fragilidad de la identidad y la ilusión del éxito, siendo una de las obras más influyentes del siglo XXI.

Inland Empire (2006), por su parte, es un ejercicio reflexivo sobre la realización artística, donde Lynch descompone el proceso creativo en sus luces y sombras. A través de una narrativa fragmentada por el uso de tecnología digital, el director explora la alienación y la desorientación que puede sufrir un artista al perderse en su propia obra. La película es un viaje introspectivo que confronta al espectador con la confusión entre realidad/ficción y actor/personaje. Con una estética cruda, cuestiona los límites del cine como arte, mientras desvela los miedos y ansiedades inherentes al acto de crear.

El día de hoy, 20 de enero de 2025, David Lynch cumpliría 79 años. En honor a una trayectoria prolífica dedicada a las artes, es importante reivindicar los valores que puso en la meditación trascendental para mantener el bienestar mental y emocional. Ante todo, recordarlo con las bellas palabras que dedica en su libro Atrapa el pez dorado: “La mejor cosa en el mundo son las ideas. Ninguno de nosotros puede hacer nada sin una. Entonces, hay ideas para todo y amo tratar de atraparlas. Tratar de atrapar una de la cual me haya enamorado. Ahí sé exactamente qué hacer. Mantenerse honesto a esa idea. Trasladarla a un medio u a otro. Darte cuenta de las ideas de las que te enamoraste”.

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